POPULISMO
Carlos Domingo
Junio 2001

El populismo es un sistema que se ha usado para gobernar un país con una gran parte de su población en estado de pobreza pero con cierto grado de instrucción política. No es el único y tiene muchas modalidades. Nos referiremos al caso típico. Sus rasgos más notables son: 
 

Existe una minoría (entre 10% y 30%) de la población con un nivel de vida aceptable en alojamiento, alimentación, salud, instrucción, posesión de bienes y proyectos para el futuro.
Una mayoría (60% o más) tiene un nivel de vida bajo pero, esto es esencial, está en gran parte alfabetizada o, a través de radio, cine y TV tiene conocimiento de niveles de vida más altos y en muchos casos cierta experiencia política. Es este nivel de información el que hace al sistema inestable y favorece la solución populista. Si no lo hay, el miserable estado de división permanece con los privilegiados dominando a los pobres. La instrucción pública y los medios de comunicación masivos hacen que los pobres imaginen que puede cambiar su situación. Como no saben como hacerlo se produce un estado de resentimiento.


Por razones de estructura económica interna (productividad baja, falta de mano de obra calificada, nivel tecnológico bajo, escasez de espíritu empresarial y competitivo, inseguridad, baja rentabilidad para la inversión o una situación de desastre) y de inserción del país en el sistema económico mundial (exportaciones de uno o pocos productos, escasa competitividad, percepción de una renta agraria o minera que sólo alcanza para favorecer una parte minoritaria de la población y es distribuida entre pocos) es muy difícil que esa mayoría pueda alcanzar un nivel de vida aceptable. En general, eso exigiría transformaciones y cambios de comportamiento que ninguno de los dos grupos está dispuesto a aceptar. No entraremos en detalles sobre estas transformaciones. Cuando, debido a la información, la diferencia entre los dos grupos deviene contradicción, cada grupo señala al otro que es lo que debería hacer, así que hay un repertorio de proposiciones, exigencias y acusaciones con las cuales el lector estará muy familiarizado. Los pobres son acusados de haraganes, no ahorrativos, que no se instruyen, de vida desordenada. Los privilegiados de egoístas, ineptos para gobernar, corruptos y tramposos. Casi todas las acusaciones tienen una parte de verdad. Temor en el grupo privilegiado y resentimiento en el grupo marginal son los sentimientos predominantes. Lo cierto es que la situación aparece como explosiva y sin salida. El dominio tradicional de los privilegiados basado en el respeto, la tradición, la represión, la religion o la colonización entra en quiebra. 

Una posibilidad de gobierno es una dictadura militar (como en Latinoamérica) o religiosa fundamentalista (como en el Islam) que controle al grupo marginal. Pero la dictadura, por su despotismo, exclusivismo y arbitrariedad termina por hacerse intolerable aún para ciertos sectores del grupo privilegiado y una alianza de estos con los reprimidos suele acabar con aquélla. 

La alternación democrática, funciona en los países industrializados en los que el grupo pobre rara vez llega al 20% y puede ser políticamente ignorado o subvencionado. Las enormes desigualdades en riqueza y oportunidades se mitigan porque el sistema liberal permite un nivel de vida aceptable a una mayoría. En los países con mayoría pobre el juego de "votar por la oposición" que promete cambios y deja todo igual termina por cansar a todos y desilusionar a la gente por la política. 

El vacío que resulta de la caída de una dictadura, el fin de una etapa colonial o de la desilusión política es la oportunidad para el populismo. Requiere casi siempre la aparición de un líder carismático que convenza al grupo marginal de que él va a mejorar la situación. Por lo general llega al poder por elecciones o por la lucha anticolonialista y en unos pocos casos por una revolución armada. 

La prédica del populismo es la lucha contra la injusticia que mantiene pobres a la mayoría de la población, la culpa -se dice- es de los privilegiados que viven bien a costa de la miseria del pueblo. No se habla de la productividad ni de la estructura de la economía. 

El líder, casi siempre de origen humilde, apela a los resentimientos de los pobres y amenaza a los privilegiados. Siempre se gana a una fracción de estos que por alguna causa están disconformes con su situación económica, de poder o tienen ideologías contra el sistema vigente. Se apoya además en sentimientos que han sido bien estudiados por los psicólogos sociales: la atracción de una figura paternal protectora y salvadora, y la tendencia humana a afiliarse a uno de dos bandos antagónicos. Apela más a los símbolos que al discurso racional para convencer. Actos masivos ruidosos, largos discursos declamatorios, emotivos y amenazantes y desplantes en relaciones internacionales mantienen la figura del líder ante su pueblo. Apela al patriotismo y a las tradiciones culturales para unir a los que lo apoyan y acusa a los que se oponen de antipatrióticos. Las declaraciones y acciones contra enemigos externos e internos, reales o imaginarios tiene el mismo fin. Esto se repite monótonamente en todos los lideres mencionados más adelante. En muchos casos sus principios ideológicos pretenden trascender las fronteras de su país y se trata de impulsarlos en otros países, entrando en conflictos internacionales. Durante la guerra fría los líderes populistas jugaron con el antagonismo de EEUU y la URSS para obtener ayuda económica y militar de ambos. 

La acción política tiende a lograr el unipartidismo o un partido dominante y el control del poder legislativo y judicial. En algunos casos el partido dominante dura más que el líder fundador dando lugar a una sucesión de mandatarios que dan apariencia de democracia, aunque no hay alternancia de partidos. En estos casos las características basadas en la personalidad del líder están muy atenuadas. En el otro extremo el sistema puede llegar a transformarse en un estado comunista con estatificación completa de la economía, la política, la justicia y la cultura o un sistema fascista agresivo que controla la vida social, exalta el nacionalismo y protege al capitalismo nacional. Por otra parte, el populismo dispone de un discurso justiciero bien fundado. La crítica al sistema capitalista liberal tiene argumentos contundentes desarrollados por los teóricos socialistas, anarquistas y marxistas. Se ha mostrado incapaz de eliminar la pobreza y la desigualdad de oportunidades. En su forma actual de dominio del capital financiero hace legal, por ejemplo, una especulación en que un financista totalmente improductivo gana en pocos días mas que 300 obreros calificados en todas sus vidas. Predica la globalización y el libre movimiento del capital que puede dejar sin trabajo a miles de trabajadores en un país pero no les permite emigrar a los países adonde se fue el capital. Por otra parte muchos líderes populistas son anticomunistas. Señalan que los regímenes comunistas duran décadas pidiendo a sacrificios a los pueblos en nombre de beneficios que sólo llegan al grupo dirigente cuando se transforma en dominante. Más grave aún, niega la posibilidad (y hasta la ilusión) de mucha gente que pretende mejorar su situación individual mediante su trabajo y creatividad. El líder populista promete un nuevo sistema, ni capitalista ni comunista que resolverá todos los problemas. No se ha visto hasta ahora tal solución. 

La acción económica del populismo depende mucho de la estructura económica del país. Un denominador común es el aumento del gasto público por creación de empleos, subvenciones, transferencias a los más necesitados, propaganda política, gastos militares, intervención en otros países. Si el país recibe una renta (transferencia unilateral de dinero extranjero al país por venta de productos agrícolas o minerales o por control de vías de transporte) el gobierno populista trata de obtener lo máximo posible de esa renta para los gastos mencionados. Los controles sobre la economía (estatificación de empresas, controles de precios, subvenciones, control del comercio exterior, controles cambiarios, altos impuestos) para conseguir dinero y corregir los abusos de los privilegiados, chocan con los procesos de desarrollar una economía fuerte y competitiva. La intervención estatal ahuyenta la inversión, paraliza la innovación, destruye la competencia, debilita la selección por el mercado. Este es un dilema que ningún gobierno populista ha podido resolver. 

La acción social es de remediar la pobreza. Ninguno de los ejemplos de populismo ha podido erradicarla, ni siquiera reducirla a una minoría como en los países desarrollados. Tampoco es ésta la verdadera intención. El líder y el aparato burocrático distributivo que crea basan su poder y prestigio en ayudar a los pobres. Sería suicida para el populismo reducirlos a una minoría. Muchos líderes y colaboradores del populismo no ven este punto y no se explican porqué les es imposible eliminar o reducir drásticamente la pobreza. Bastaría que miraran a los países que han conseguido minimizarla. Pero imitarlos sería eliminarse ellos mismos. El grupo privilegiado nota que su situación no ha cambiado mucho y no hace una oposición enérgica. Después de todo el populismo (si no se transforma en comunismo) es más tolerable y menos excluyente que la dictadura militar o religiosa. La protección del gobierno populista a los empresarios que son sus amigos les gana apoyo entre los privilegiados. Además para los muy apegados a las libertades y derechos humanos siempre está el temor a la represión informal o formal (pues se crean organizaciones políticas de vigilancia y un fuerte control del ejecutivo sobre el sistema jurídico y policial) y optan por callarse o abandonar el país. 

El sistema populista personal puede durar más o menos tiempo (Perón 10 años, Nasser 15, Kaddafi 41, Velasco Alvarado 7, Getulio Vargas 15, Nehru 17, Saddam Hussein 27, Sukarno 20, Fidel Castro 41, Kim Il Sung 41, en su variedad totalitaria: Mussolini 21, Hitler 12). Algunos (Fidel Castro, Hussein, Kadaffi) persisten todavía y otro (Kim Il Sung) ha logrado dejar un sucesor. Los sistemas de partido dominante, donde gobernantes mas profesionales suceden al líder populista, pueden durar mucho (Mexico 61 años, India 30). 

La caída de un sistema populista personal se produce en general por el estancamiento y deterioro de la economía, la persistencia de la pobreza que debilita el apoyo popular, la evidencia de que se forma un nuevo grupo de privilegiados en torno al líder y, en muchos casos, por las actitudes exclusivistas e ideológicas del líder que se enreda en conflictos internos con los privilegiados que ha escarnecido pero no eliminado y enemigos externos que reaccionan ante el nacionalismo agresivo. El fascismo es un dramático ejemplo de esto último. Un sistema de partido único o dominante puede tener una salida democrática. 

El balance del sistema, si termina sin conflictos graves, puede ser positivo en aumentos en la educación en general, cierta mejora del nivel de vida, y la consciencia de los pobres de que se los debe integrar al bienestar, pero en ningún caso se elimina la pobreza (que era el objetivo declarado al tomar el poder) y es cuestionable que esas ventajas necesiten del populismo. Quizá el resultado político más importante es llegar a la consciencia de que ese no es el camino. En los casos terminados el sucesor del populismo ha sido el sistema liberal capitalista que se había prometido enterrar para siempre y que tal vez se prefiere o tolera no por capitalista sino por democrático. Después de un siglo de capitalismo, comunismo, fascismo y populismo seguimos sin solución. Paradójicamente todos ellos se han presentado como la única solución. Tal vez la vía más promisoria sea un sistema de amplias libertades, administración transparente e información generalizada, sin líderes ni ideologías preconcebidas, que permita experimentos sociales múltiples y reversibles y una comparación crítica de los resultados.