El agua de
riego, convenientemente filtrada, se mezcla con las disoluciones extraídas por el
inyector en la proporción dispuesta. Así, se obtiene la disolución fertilizantes que, después de
filtrada, llega a los goteros. Esta disolución reacciona con el sustrato y da lugar a la disolución nutritiva
definitiva, de la que realmente se alimenta la planta.