1. Lograr un cambio profundo en las estructuras, en la forma de análisis y en
la gestión
de las cuestiones referentes al medio, volviendo la capacidad decisoria a la comunidad directamente afectada en cada caso.
2. Conseguir que en la planificación (económica, social, urbanística, etc.) se
tenga en cuenta
prioritariamente los conocimientos que la ciencia de la ecología pueda aportar.